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Por qué los Vikingos las preferían rubias


Por qué los Vikingos las preferían rubias.




Actualmente, al pensar en la palabra «rubio» todos estamos más o menos de acuerdo sobre el tipo de color del cabello al que nos referimos; sin embargo, en la Edad Media las cosas eran un tanto más confusas.

Es habitual pensar en los Vikingos, los Celtas, así como en otros pueblos de la Europa medieval, como portadores de frondosas y blondas cabelleras. No obstante, la etimología de la palabra indica que el cabello rubio era muy infrecuente en aquellos años y, por lo tanto, extremadamente codiciado tanto por hombres como por mujeres.

En Latín Medieval, la palabra blundus significaba literalmente «amarillo», y se la utilizaba para designar a ciertas pelucas rubias que las personas de bajos ingresos solían utilizar. La palabra para el rubio natural, por decirlo de algún modo, era rubeus, que si bien significa literalmente «rojizo», en realidad indica una tonalidad capilar encendida, brillante y clara.

Para la época de los Vikingos, la palabra rubeus era un refinamiento jactancioso que rara vez se utilizaba. El término blundus, «amarillo», se había trasladado al Latín Vulgar y de éste a las lenguas paganas del norte, con significados muy diferentes entre sí.

El término blundus, por ejemplo, también fue adoptado por el Inglés Antiguo bajo la forma de blonden, que curiosamente significa «gris». De hecho, muchos historiadores sospechan que cuando los pueblos de la Edad Media mencionan la palabra «rubio», en realidad se refieren a un tono de color de cabello a mitad de camino entre el gris y el amarillo; básicamente el color castaño.

En todo caso, la rubiez de alguien dependía de la región en la que se encontraba. Uno podía ser considerado perfectamente rubio en Sajonia, pero no en Escandinavia.

En nuestro tiempo, el cabello rubio se obtiene de dos formas: natural o artificialmente; y lo mismo ocurría en la Edad Media.

En Inglés Antiguo, por ejemplo, beblonden significaba «teñido», asociando directamente el color rubio del cabello con la tintura del mismo. Los Vikingos, por su parte, adoptaron rápidamente el término blundus, pero lo utilizaban únicamente en relación con sus guerreros, que desde tiempos ancestrales se teñían el cabello de tonos más claros para infundir terror entre las filas morenas.

Du Cange, sin embargo, especula que el término blundus, «rubio», es en realidad una deformación del latín flavus, «amarillo», el cual se refiere específicamente a un tipo de cabello teñido. Otros, en cambio, aseguran que los Vikingos interpretaron equivocadamente la palabra albundus, proveniente del Latín Vulgar, que significa simplemente «blanco».

En cualquier caso, el término proliferó en todas las lenguas europeas: blond (inglés); blonde (francés); biondo (italiano), blondo (español).

Es justo admitir que no solo los Vikingos las preferían rubias.

El color de cabello claro también era tenido en muy alta estima por los griegos y los romanos, mucho antes de la Edad Media; pero al igual que en otras regiones, el pelo rubio era tan infrecuente que lo habitual era teñírselo, o algo todavía más extraño, utilizar extensiones.

Efectivamente, antes de la llegada de coiffeurs maliciosos, los griegos ya utilizaban extensiones de cabello rubio, natural, proveniente de otras cabezas. Para le época de Ovidio, existía un verdadero mercado internacional de compra-venta de cabelleras rubias, la mayoría de ellas, provenientes de Germania.

De acuerdo a C. Henry Leonard —que en 1879 escribió un interesantísimo libro titulado: El cabello (The Hair)—, no todos los romanos poseían el estatus social y económico como para adquirir aquellas exuberantes pelucas teutonas; de manera tal que se teñían el cabello empleando tinturas de muy baja calidad, que en ciertas ocasiones podían ser verdaderamente tóxicas, y hasta letales, para el portador.

El tono de estas tinturas era, por regla general, de un amarillo furioso, como la yema de un huevo; y de ahí precisamente se originó el término blundus, «rubio», de corte más bien peyorativo.

Ahora bien, regresando a los Vikingos, hay que decir que es cierto que estimaban el color rubio; en parte, debido a que casi todos los dioses de los mitos nórdicos eran representados con abundantes cabelleras blancas. Ese, precisamente, es el tono de rubio que los Vikingos ambicionaban, y para ello crearon un producto, similar al jabón, que decoloraba el cabello desde muy temprana edad.

En definitiva: los Vikingos las preferían rubias porque así eran representadas la mayoría de sus diosas.

Si bien este tipo de preocupaciones estéticas parece extraña en un pueblo reconocidamente guerrero, es conveniente olvidar buena parte de lo que hemos aprendido sobre los Vikingos. De hecho, su fama de sanguinarios procede de cierta predilección estratégica por atacar lugares sagrados, como iglesias y monasterios, ganando así una reputación que no siempre estaba justificada.

Sin ir más lejos, aún hoy se los suele representar como sujetos barbudos, altos, sucios, y de modales más bien rústicos; pero lo cierto es que el promedio de altura de los Vikingos no superaba el 1,69 de estatura; y que además de cuidarse el cabello también mostraban un gran interés en la higiene personal: no bebían de cuernos, como se cree equivocadamente, y sí utilizaban cubiertos, mucho antes de que se volvieran populares. Su obsesión con la higiene quedó bellamente probada en numerosos hallazgos arqueológicos en donde se encontraron las primeras versiones medievales de cotonetes para los oídos.




Mitos nórdicos. I Libros de la Edad Media.


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1 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Interesante la etimología y desmentir ese estereotipo.
Y la mención a como imaginaban a sus diosas.